Una mentira llamada fin de ciclo


En el fútbol español hay una cantidad de seres inanimados que toman vida para vender lo que sea. No nos equivoquemos, toman vida pero sin corazón ni similitud alguna a algo que pueda parecerse a los sentimientos.

Cuando escucho a alguien decir o leo a alguien escribir sobre el fin de ciclo del Barcelona me parece que tiene su trabajo por amistad. A poco para terminar la temporada el Barcelona va a ganar, más pronto que tarde, una Liga que hace muchos meses solamente él podía perderla. En la Champions League volvió a llegar a semifinales donde perdió por goleada los dos partidos. Otros perdieron de una manera más meritoria, evidentemente, y con eso ya es suficiente. En la Copa del Rey también se quedaron a las puertas de la final pero les ganó un equipo que lleva tres años construyéndose para ganarle al Barcelona más que para conseguir títulos. La nota de la temporada es de notable alto si la objetividad está presente en la valoración.

Con todo esto se habla de fin de ciclo cuando no va más allá de los básicos retoques que todo club tiene que afrontar a final de temporada. Quizá con un Tito Vilanova sin enfermedad y con un Abidal saludable se hubiera acabado de igual manera los tres campeonatos pero lo cierto es que esas dos bajas fueron realmente importantes para un Barcelona que en defensa tenía en el francés un recurso muy importante y en el banquillo faltaba el jefe.

Al Barcelona lo que le ha faltado, dicho por sus propios jugadores públicamente, ha sido un poco más de gasolina. Da la sensación de plantilla corta cuando los que juegan son los mismos pero más que eso ha sido la falta de equilibrio. A un eje de la zaga titularísimo corresponde unos suplentes de garantías y no un jugador-parche para esa posición como Mascherano o más remotamente Busquets (con la consiguiente pérdida de presencia de Sergio en la medular). Bartra es una opción muy válida para ser el suplente del suplente siendo el principio de un camino que puede darle mucho más peso en el equipo. Algo parecido a lo que ha sido Varane en el Real Madrid.

Los centrales han dejado de ser un problema en el conjunto merengue para serlo en cuadro blaugrana. Esto no es nuevo y a lo mejor en base a la experiencia de años anteriores han adoptado a Mascherano como mejor respuesta a la ausencia de Puyol o Piqué. Tampoco es nuevo las lesiones y en este tramo final de competición se han notado muchísimo. Y lo que también es viejo es el exceso de partidos de Xavi, principalmente. El Barcelona tiene al mejor jugador del mundo para cubrir la ausencia del ya histórico seis del Barça: Cesc Fábregas. Debería ser éste quien ocupara un sitio en el once en lugar del jugador de Terrassa cuando comience la próxima temporada. Hernández me empieza a recordar a la etapa final de Fernando Hierro. No va a ser fácil para nadie dar el relevo.

Cuando el equipo sufre momentos de bajón las críticas florecen y todos los jugadores parecen muchísimo menos jugadores de lo que realmente son. Sin excepción. La peor parte se la llevan los fichajes, algunos con más razón que otros. Ya nos olvidamos de la conexión de Cesc con Messi, Xavi o Iniesta que tantos goles hizo regularmente. O de los grandes partidos, goles y espacios que se buscaba el gran Villa. De lo alto que apuntaba Thiago cuando tocaba el cuero y podía salir cualquier cosa de aquellas botas.

Hoy se habla de fin de ciclo con un equipo donde Piqué de veintiséis años, Jordi Alba de veinticuatro años, Sergio Busquets de veinticuatro años, Cesc Fábregas de veintiséis años, Iniesta en su plena madurez casi veintenueve, Pedro con veinticinco y Messi con veinticinco años son sólo algunos ejemplos que esto va para largo. Y a éstos, que han salido de abajo, hay que mirar, para sumar, al mismo sitio de donde han salido.

En los últimos años los mejores refuerzos para el primer equipo llegaron de su cantera. No se le puede pedir definición a chicos de diecinueve o veinte años sino trabajo, esfuerzo y compromiso para que los resultados lleguen a medio plazo.

Una voz con autoridad del Barcelona afirmaba que para un club tan grande no es nada fácil fichar. Desde luego que no, pero no hay que perder la cabeza y que teniéndose que reforzar como cualquier otro club al finalizar una temporada, el Barça actual tiene que hacer pocos fichajes y medianamente buenos. Jugadores de equipo, acompañantes, más que grandes figuras.

El Barcelona debería a aprender a fichar en la liga española, que aunque el éxito no te lo garantiza nadie, trayendo jugadores que compiten en la misma liga, desde luego, todo se hace mucho más fácil. Hay más probabilidades de que el fichaje funcione. Ante éste panorama es normal caer en el error de querer sacar a un chico del filial, sobre todo si viene de jugar un escalón por debajo, antes que gastarse el dinero en un titular del nivel del Sevilla, Valencia o Atlético de Madrid, cuando las distancias son gigantescas.

El Barcelona se tiene que reforzar, no tiene que hacer una revolución. Compensar un poco más el equipo y eso conlleva deshacerse de Mascherano o Alex Song -o ambos si se trae un músculo defensivo zurdo- y contratar un buen central zurdo que pueda jugar en el lateral y que no se convierta en un suplente amargado. Un nuevo Gabi Milito que podría ser Víctor Ruiz pero con algo más de nivel. Andreu Fontás o Marc Muniesa son nombres que nos vienen a la cabeza pero la experiencia a alto nivel competitivo es un hándicap demasiado alto y además, en el caso del primero sería un error y horror ponerlo como falso lateral zurdo y en el caso del segundo, las lesiones lo convierten en un jugador con el que no se puede contar, lamentablemente.

El Barcelona lo que necesita es confianza, y poquito más. Que además se la merecen.

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